Mil formas de cómo no importar de China

Todo nuevo proyecto, como es el de abrir un nuevo canal de compra, requiere un camino que no está exento de obstáculos. No deben achantarnos unas cuantas malas experiencias para seguir prosperando, es más, deben alentarnos a seguir adelante. Fue Thomas Alva Edison el que dijo aquello de “No he fracasado. He descubierto mil formas diferentes de no hacer una bombilla”. Todo fracaso es un paso más hacia el éxito. Por eso hacemos la cita nuestra y os contamos mil formas de cómo no importar de Asia. Lo que debemos pretender es minimizar los obstáculos y dificultades que nos encontramos en el camino, que en el caso de la importación, en la mayoría de los casos se debe a no tener los medios adecuados. Estos pasan por tener una estructura de compras adecuada en origen, realizar los oportunos controles de calidad, validar a los diferentes proveedores antes de empezar a trabajar con ellos, realizar toda la negociación antes de cerrar ningún trato y dejar todo bien atado, etc… Esto no se consigue pidiendo a través de internet y cruzando los dedos, o realizando una llamada telefónica. Importar es un proceso complejo y como tal hay que tratarlo.

Todos los que trabajamos o hemos trabajado con el mercado asiático podemos contar miles de aventuras y desventuras con los proveedores chinos, historias tan absurdas como divertidas (esto una vez pasado el tiempo porque en el momento son de todo menos divertidas). Si tienes experiencia importando productos desde China probablemente te sientas identificado con este post y expreses de vez en cuando un: “¡Es verdad! ¡Esto también me ha pasado a mí!”.

En su anterior trabajo, Paco, nuestro director de operaciones sufrió muchos dolores de cabeza provocados por nuestros proveedores. De todo un poco, envíos con retrasos, productos que no cumplían con las especificaciones, problemas de calidad… Hace poco se nos ha dado el caso de unos peluches cuyos requisitos se habían elegido previamente por nuestro cliente antes de empezar a trabajar con nosotros a través de un trader. Tras unos meses trabajando con el proveedor, el cliente nos contrata para llevar a cabo una inspección final antes de envío. Para sorpresa del cliente entre otros errores casi el 80% de las muestras inspeccionadas presentaban un error en las costuras. Cuando le preguntábamos al proveedor, su respuesta fué: “Pero si la calidad es correcta”. En este caso en concreto, al ser una inspección final, había poco margen de maniobra. Sólo restaba descartar el pedido o renegociar el precio. Si hubiésemos estado en el proceso desde el principio hubiéramos realizado controles en las distintas fases de la producción. Detectar los errores en los procesos intermedios nos da el suficiente margen de maniobra para corregirlos en tiempo y forma.

Tenemos otro cliente que en otra ocasión había estado buscando durante mucho tiempo un proveedor para fabricar un container de tricotosa. No era algo complicado pero costó varios intentos encontrar a alguien que lo hiciera como necesitaba. Tras varios meses, un par de viajes, mil emails envío de muestras y contramuestras, etc…ya al borde de la desesperación por fin recibieron unas muestras aceptables que fueron aprobadas. Se negoció un precio con el fabricante y se le pasó el pedido. Cuando llegó el contenedor el disgusto no pudo ser mayor: los colores no se correspondían con las especificaciones dadas. Llamada al proveedor para interponer la queja correspondiente y lo primero con que le salta es con una negación y responder con que lo que recibió el cliente era exactamente igual que las muestras aprobadas. Le costó otro buen tiempo hacer que el proveedor, en este caso un bangladesí, reconociera su error, pero es que una vez reconocido solo se le ocurre decir: “Pero esos colores también son bonitos”.

Casos así…mil. Estaban los proveedores que anunciaban que cumplían con todos los estándares internacionales y pruebas de laboratorio, que luego resultaba que no era así sino que se basaban en que otros clientes suyos habían homologado sus productos, pero claro eran éstos últimos los que se habían encargado personalmente y no el fabricante chino. ¿Y qué decir de los que ponen fotos falsas de sus instalaciones? Todo el que trabaja en esto han visto imágenes de fábricas impresionantes y al llegar a la planta encontrarnos con un “taller”, siendo benévolo en el tratamiento, con condiciones que no estarían a la altura ni de cárcel.

No todos los proveedores asiáticos son como los que estoy describiendo aquí, pero lamentablemente muchos de ellos sí cumplen el perfil. Lo que debemos hacer es encontrar todos esos que sí son profesionales, pero esto requiere de una búsqueda proactiva de los mismos.

En Asia es fácil ya disponemos de una estructura de compras en origen y la ponemos a disposición vuestra para que podáis efectuar la importación de la manera más eficiente y de la forma más correcta sin tener que incurrir en gastos estructurales.

Si os decidís a embarcaros en un proyecto de importación no os perdáis algunos consejos, ya os dimos alguno en este post para hacerlo de manera segura, y aquí os ampliamos alguno más para hacerlo de manera correcta:

  1. Firma un contrato antes de comprar nada, donde estén bien claras las especificaciones del producto, posibles penalizaciones por retrasos en los envíos, etc.
  2. Trabaja con tiempo. La mayoría de los proveedores fabrican sobre pedido y empiezan a trabajar cuando reciben el anticipo acordado.
  3. Mantén el contacto con el proveedor. Lo recomendable es tener alguien en origen que se encargue de los controles de calidad.
  4. No escatimes en el proceso de búsqueda y validación de los proveedores. Una buena elección de éstos nos ahorrará mucho dinero en entregas fallidas y remesas erróneas.
  5. Y recuerda, si disponéis de un buen compañero de viaje que os sepa aconsejar tendréis gran parte del camino recorrido antes de comenzar a andarlo.
By | 2019-06-11T14:37:16+00:00 Junio 10th, 2019|China, Guía del importador|0 Comments

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